Aquel día estaba agotada. Mi mente no dejaba de darle vueltas a cosas sin sentido, intentaba buscar finales alternativos a esa historia a medio acabar. Había dejado atrás muchas cosas en una sola persona. Y aún me dolía. Pero debía mirar hacia adelante. Era fuerte. Y me apetecía demostrárselo al mundo.
No era consciente de que ese mismo día una personita iba a entrar en mi vida. De la forma más extraña y curiosa que se pueda imaginar. Pero por suerte llegaba en el momento preciso. Diferente a los demás. Con una sonrisa crónica y una alegría pegadiza. Un subidón de optimismo intensivo. Un corazón enorme. Que con un “yo sé cuál es mi lugar” lo arregla todo.
Sin querer me encuentro pronunciando “yo” y “ya” de forma rara. Con una ilusión más en la vida. Y es que a veces solo hay que abrir bien los ojos para ver qué se esconde a tu alrededor. El mundo está lleno de buenas personas, únicamente hay que darse la oportunidad de conocerlas. Quizá te sorprendas. Yo ya lo hice.
“Te conozco de siempre, llegaste hace un rato”
Solo tú decides tu futuro, no te deprimas por las decisiones que tomaron otras personas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario